El Dr. Antonio Allona, jefe del Servicio de Urología del Hospital Ruber Internacional, explica en qué tumores de próstata, riñón y vejiga puede utilizarse la cirugía robótica y por qué, cuando una intervención está indicada, es importante no retrasarla sin una razón médica.
La cirugía robótica ha transformado el abordaje quirúrgico de numerosos tumores urológicos. La precisión de los movimientos, la visión ampliada del campo quirúrgico y la posibilidad de trabajar con gran exactitud en espacios anatómicos reducidos hacen que actualmente tenga aplicaciones en buena parte de la cirugía oncológica urológica.
Pero ¿significa esto que todos los tumores urológicos deben operarse mediante cirugía robótica?
El Dr. Antonio Allona, jefe del Servicio de Urología del Hospital Ruber Internacional, explica que la cirugía laparoscópica asistida por robot puede aplicarse a numerosos cánceres urológicos, aunque su indicación debe establecerse de manera individualizada teniendo en cuenta el tipo y la extensión del tumor, las características del paciente y los objetivos de la intervención.
¿En qué tumores urológicos se utiliza más la cirugía robótica?
La cirugía robótica incorpora las ventajas de la cirugía mínimamente invasiva y añade una elevada precisión durante la intervención. Su utilización es especialmente relevante en procedimientos complejos en los que resulta fundamental trabajar con exactitud alrededor de estructuras anatómicas delicadas.
«Puede aplicarse y resulta muy útil en prácticamente todos los cánceres urológicos en los que está indicada una cirugía mínimamente invasiva», explica el Dr. Allona.
Su aplicación es especialmente frecuente en el cáncer de próstata y los tumores renales, aunque también puede utilizarse en determinados tumores de vejiga, del tracto urinario superior, suprarrenales y retroperitoneales.
Cirugía robótica en el cáncer de próstata
La prostatectomía radical robótica es una de las intervenciones en las que esta tecnología tiene una mayor implantación.
Cuando un cáncer de próstata requiere tratamiento quirúrgico, el objetivo es extirpar la próstata y el tejido tumoral manteniendo siempre como prioridad el control oncológico. La precisión que proporciona la cirugía robótica facilita el trabajo del cirujano en una región anatómica especialmente compleja y permite realizar movimientos muy precisos durante la intervención.
Además del control del cáncer, cuando las características del tumor lo permiten, la planificación quirúrgica busca preservar en la medida de lo posible estructuras relacionadas con funciones como la continencia urinaria y la función sexual.
Por este motivo, el Dr. Allona señala que la prostatectomía radical es actualmente uno de los procedimientos urológicos en los que la cirugía robótica tiene mayor protagonismo.
Cirugía robótica en los tumores de riñón
La cirugía renal constituye otro de sus principales campos de aplicación.
En determinados tumores renales puede realizarse una nefrectomía parcial, en la que se extirpa únicamente el tumor intentando conservar la mayor cantidad posible de tejido renal sano. En otros casos, las características o la extensión de la enfermedad pueden hacer necesaria una nefrectomía radical.
La precisión del sistema robótico resulta especialmente útil cuando es necesario extirpar una lesión y reconstruir posteriormente el riñón, ya que permite al cirujano realizar una disección y sutura de gran precisión.
La elección entre una cirugía conservadora o la extirpación completa del riñón dependerá siempre de las características del tumor y del paciente.
¿También puede utilizarse en el cáncer de vejiga?
Sí. La cirugía robótica también tiene indicaciones en determinados pacientes con cáncer de vejiga.
Cuando la enfermedad requiere la extirpación completa de la vejiga, la cistectomía radical puede realizarse mediante abordaje robótico en pacientes seleccionados.
Asimismo, esta tecnología puede emplearse en determinados tumores uroteliales que afectan al tracto urinario superior, como el uréter o la pelvis renal, mediante diferentes procedimientos en función de la localización y extensión de la enfermedad.
«La cirugía robótica no se limita al cáncer de próstata. También tiene aplicaciones en la cirugía renal, vesical y del tracto urinario superior, además de determinados tumores suprarrenales y retroperitoneales», señala el especialista.
Entonces, ¿la cirugía robótica es siempre la mejor opción?
Disponer de cirugía robótica no significa que todos los pacientes deban ser operados mediante esta técnica.
La tecnología es una herramienta al servicio del cirujano y su utilización debe responder a una indicación médica concreta. El tipo de tumor, su localización, el estadio de la enfermedad, las características anatómicas y clínicas del paciente y la experiencia del equipo quirúrgico son algunos de los factores que deben valorarse antes de decidir el abordaje.
Por ello, tan importante como disponer de tecnología avanzada es contar con equipos especializados capaces de seleccionar qué pacientes pueden beneficiarse realmente de ella.
¿Qué ocurre si se retrasa una cirugía de próstata que ya está indicada?
Otra cuestión frecuente entre los pacientes diagnosticados de cáncer de próstata es cuánto tiempo pueden esperar antes de someterse a una intervención.
No todos los cánceres de próstata evolucionan de la misma manera ni todos necesitan cirugía. Algunos tumores de bajo riesgo pueden mantenerse bajo vigilancia activa, con controles periódicos y sin necesidad de un tratamiento inmediato.
La situación es diferente cuando, después de estudiar las características del tumor y del paciente, el equipo médico considera que existe una indicación de prostatectomía radical.
En estos casos, retrasar voluntariamente la intervención sin una razón clínica puede no ser conveniente. El tiempo de espera debe individualizarse en función del riesgo oncológico, los valores de PSA, el resultado de la biopsia, las pruebas de imagen y otros factores que permiten conocer el comportamiento del tumor.
Un diagnóstico de cáncer de próstata no significa necesariamente que haya que operar de manera urgente, pero tampoco conviene posponer indefinidamente una cirugía que ya ha sido considerada necesaria.
Ni precipitarse ni retrasar: cada tumor necesita su momento
La planificación es una parte esencial del tratamiento del cáncer urológico. Una vez establecido el diagnóstico, el especialista debe determinar cuál es la estrategia más adecuada y cuándo debe llevarse a cabo.
El objetivo es evitar dos extremos: realizar tratamientos que no son necesarios o retrasar aquellos que sí están indicados.
En este contexto, la cirugía robótica permite abordar cada vez más procedimientos urológicos complejos mediante técnicas mínimamente invasivas y con una elevada precisión quirúrgica.
Como explica el Dr. Antonio Allona, su aplicación abarca actualmente buena parte de la oncología urológica, con especial protagonismo en el cáncer de próstata y los tumores renales, pero también con indicaciones en vejiga, tracto urinario superior, suprarrenal y tumores retroperitoneales.
La clave no está únicamente en disponer de la tecnología, sino en seleccionar correctamente al paciente, establecer el momento adecuado para intervenir y adaptar la cirugía a las características concretas de cada tumor.